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Si el otro día os narrábamos la épica del Patio Maravillas (ética y estética incluidas), hoy toca decir algo del nuevo espacio autogestionado que acaba de desterritorializar primero para reterritorializar después la antigua Tabacalera. Lo visitamos recién inaugurado, hará cosa de un mes, y sufrimos un verdadero shock ante las dimensiones del proyecto.
Al final de Lavapiés, barrio único de Madrid, crisol de gentes y religiones, estaba la Tabacalera, cerrada en 1999, aunque mucho antes el edificio parece que ya había sido fábrica de licores. Después de una década en la que, más o menos, ha dormido el sueño de los justos, un megaproyecto cultural y ciudadano, con el amparo y el consentimiento del Ministerio de Cultura, ha conseguido la parte del edificio que el Estado no utilizaba. En total, una barbaridad de metros cuadrados.
De hecho, no tenemos constancia de nada igual, en cuanto a tamaño, ni en Madrid ni en ninguna otra ciudad de España (tal vez el lector atento me pueda corregir). El edifico, con más de dos siglos de antigüedad, tiene hasta un jardincito ligeramente rectangular, con frutales y arcos (aunque falte el seto cubridor) y la inevitable fuente en el centro (todavía sin agua, ay).
Como quien dice, un pequeño claustro. Para alguien acostumbrado a las dulzuras románicas de la Gallaecia, aquello fue bastante curioso. De repente Madrid había desaparecido y nos hallábamos en algún interior de la misteriosa Santiago o, tal vez, en uno de nuestros queridos monasterios de Ourense…
Son numerosos los grupos, muy heterogéneos por cierto (arte, diseño, teatro, agroalimentación…) que ya se han unido al proyecto. Cada día surgen iniciativas nuevas que se reflejan en los distintos talleres. En realidad, estamos todavía en los comienzos de esta travesía que se presume “lleno de aventuras, lleno de experiencias”, por glosar a Kavafis, pero la Tabacalera ya ha nacido como un icono.
Además, el Ministerio se ha quedado con una gran nave adjunta, para dar cobijo a las exposiciones más interesantes. La última de ellas, una sobre diseño, arquitectura, urbanismo, reciclaje, en la que artistas de todo el mundo colaboraban con diferentes movimientos sociales también de cualquier punto de la Tierra.
En suma, en el comienzo de la calle Embajadores os espera un hermoso edificio lleno de actividades y dulce de visitar. Por supuesto las puertas están siempre abiertas y no hay que pagar por nada…excepto, claro, en la cafetería.
Foto vía: somoslalatina
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