
La del Patio Maravillas es una iniciativa noble, rexistente. Al movimiento okupa se le ha aplicado la pedagogía de la vara. Se ha criminalizado de forma burda, aunque efectiva. Muchos medios han amplificado los ecos del energumenismo triunfante publicitando un perfil que más se corresponde con la bestia triunfante, en expresión de Giordano Bruno para referirse no a quien vosotros creéis, que con los miembros de un Espacio Polivalente Autogestionado.
Así se define el Patio Maravillas: hasta el nombre es primoroso. El 5 de enero de este mismo año los desalojaron de su primera sede en la calle Acuerdo, un antiguo colegio abandonado al que le sacaron lustre como no podría hacerlo ningún Dixiclín, ningún mágico elixir del frotar se va acabar, y acto seguido, alegres y dicharachos, se plantaron unas cuantas esquinas más allá, en la bulliciosa calle Pez, siempre en el madrileño barrio de Malasaña.
El Patio se define por su dinamismo, por su capacidad para recibir a todo aquel que tenga algo que decir. Sobre todo, el Patio se define por su galante solidaridad y por su actitud respetuosa con el vecindario. Al mismo tiempo, las propias asociaciones vecinales se muestran agradecidas con la función de dinamo cultural que realiza el Patio.
Porque eso es el Patio: la eclosión, con mayor o menor fortuna, de la sociedad civil, de los jóvenes principalmente. Los tertulianos de salón y zapatillas gustan de sermonear acerca de la pérdida de valores de una juventud descarriada y nihilista, abandonada en el alcohol y el uso fraudulento de las drogas.
Pero cuando surgen iniciativas como la del Maravillas, estos perros de presa que cacarean en oscuras radios y muy tristes televisiones no dudan en lanzarse a la yugular. Tenemos entonces la retahíla conocida: guarros, ruidosos, pendencieros, vagos, yonkis…¿pero quiénes son aquí los terroristas?
Me diréis que caigo en el otro extremo: idealizar el movimiento okupa. No hay tal, apenas me refiero a lo que conozco, al caso concreto del Patio Maravillas. Allí puede uno conseguir un poco de ropa sin dar nada a cambio, formar parte de un taller-reparación de bicicletas, recordar el Mayo del 68 participando de las animadas reuniones asamblearias o simplemente asistir complacido a los ensayos del Coro.
El Coro del Patio no deja de ser, en cierto sentido, la joya de la corona. Levantado desde los sólidos cimientos del entusiasmo, decenas de jóvenes y no tan jóvenes de muy distinta procedencia y formación (profesional y musical) consiguen un hermoso punto de equilibrio que de alguna forma rebasa, en sus logros, las fronteras del amateurismo. ¡Evohé!
Pero el movimiento se demuestra andando, decía el gran sofista. Por eso, la mejor manera de conocer qué es en realidad el Patio Maravillas es reservar vuestros hoteles en Madrid y acercarse hasta la calle Pez 21, su actual ubicación….hasta nuevo aviso. Porque la ley, la correveidile del statu quo, es la sempiterna amenaza cernícola sobre la dorada cabeza del Maravillas. Aunque a esta gente apenas les importe pues han hecho de la rexistencia el símbolo de su vivir.
Foto vía: estanochemadrid