
Ubicada en el Madrid de los Austrias, la calle de Sacramento tiene su nombre por la cercanía del convento del Sacramento, mandado a construir a principios del siglo XVII, bajo el reinado de Felipe III, por mandato de unos de sus ministros. Es una de las calles con más solera de la capital. Por ella podemos encontrar edificios religiosos y palacios de la época medieval, y muy bien conservados.
Pero este lugar no sólo es conocido por su interés histórico y cultural. Tiene su propia leyenda.
Se cuenta que, a finales del siglo XVIII, un soldado, para más señas don Juan de Echenique, paseaba de noche por esta calle cuando escuchó una voz femenina que lo llamaba desde un balcón. Se acercó y comprobó con agrado que era una hermosa mujer quien le pedía subir a su casa. Y así lo hizo.
No hace falta que cuente lo que pasó… Tras unas horas de pasión y antes de la hora del cambio de guardia, el soldado se despidió de la dama para incorporarse a su puesto.
Pero, durante el camino de regreso, don Juan se dio cuenta de que se había dejado su espada y decidió dar la vuelta y regresar a buscarla. Al llegar al lugar, observó, extrañado, que el edificio en cuestión parecía más viejo y vetusto. Comenzó a llamar a la dama a gritos para que le abriese la puerta, insistentemente. Un vecino, al verlo en tal estado, le preguntó a quién llamaba. El soldado le contó la historia, a lo que el otro hombre le respondió que alli no vivía nadie desde hacía muchos años.
Aún así, don Juan insistió, abrió a la fuerza la puerta y cuando entró sólo pudo ver polvo y telarañas en lo que horas antes había lujo y esplendor. En el dormitorio estaba su espada, sobre una silla, al lado del retrato envejecido y roto de la mujer que había yacido en sus brazos aquella noche…
Se cuenta que don Juan de Echenique, tras este suceso que le alteró profundamente, decidió ingresar en un convento para redimirse de su mala vida, pues todo esto lo achacó a un aviso divino.
Foto Vía: gonback