Recorriendo la hermosa ciudad de Madrid, uno puede encontrarse de frente con un sinfín de atractivos que van más allá de lo turístico. Magníficas piezas arquitectónicas, arte y espacios verdes sublimemente decorados con estilos diversos.
Los jardines de El Capricho son de los más bellos y recomendables. Si estás de paseo por la capital madrileña, no te pierdas de disfrutar durante unas horas su inconfundible encanto.
En el terreno de este parque, numerosos monumentos han sido erigidos, en particular uno que sobresale por su arquitectura y belleza. Se trata del templete elíptico situado en la antigua Alameda de Osuna, actualmente Jardín Artístico, Histórico y Bien de Interés Cultural.
El templo fue construido entre los años 1786 y 1789, cuando la edificación del jardín mismo daba sus primeros pasos. Hasta el día de hoy, permanece como un misterio el nombre de su diseñador, y tampoco se conoce con exactitud quien se encargó de erigir el monumento, aunque se estima que fue alguno de los arquitectos que trabajaban en la que entonces era aún una finca.
Sí se tiene conocimiento de algunas colaboraciones, como los adornos realizados por el escultor José Guerra, y el aporte del experto en mármoles Ramón Pardo.
El templo está ubicado en lo alto de una colina, y se encuentra asentado sobre un podio compuesto de cinco escalones de piedra. Su planta es ovalada, tradicional del estilo barroco, y por ello se lo conoce como el templete elíptico. Cuenta con columnas de capiteles corintios e importante basamento.
El estilo del conjunto, que combina este templo con el paisaje que lo rodea, es claramente típico de los jardines neoclásicos e ingleses que conjugaban ambas instancias.
Antiguamente, el interior del templo estaba ocupado por una escultura de la Venus de Médicis, que luego fue reubicada y reemplazada, a principios del siglo XIX, por una imagen del dios Baco.
Foto Vía: Carlos Viñas