Tengo que reconocer que hay pueblos de la Comunidad de Madrid que ni me sonaban siquiera antes de visitarlos.
También tengo que reconocer en este caso que, Aldea del Fresno, nuestro protagonista hoy, fue un lugar que me llamó la atención ya desde su nombre. Y, claro está, curiosos empedernidos de esto del turismo, no pudimos resistirnos la tentación de visitarlo.
Aldea del Fresno se halla a 49 kilómetros de Madrid. Podéis ir en vuestro coche o, como hice yo, saliendo en autobús desde la Estación de Méndez Álvaro, al sur de Madrid. Nada más llegar a Aldea del Fresno nos encontramos con la Plaza de San Pedro, desde la que oímos correr el río Perales, cubierto bajo un parque, donde nos detenemos para ver la Noria árabe, del siglo XII.
La ribera del río Perales es un buen lugar para descansar. Muchas son las personas que se ven paseando por aquí, sobre todo a la caída de la tarde, o bien temprano por la mañana. Al fondo vemos el Puente de la Pedrera, del siglo XVIII, aunque restaurado en 1984.
Cerca de la Noria tenemos la Iglesia de San Pedro, del siglo XVIII, y que alberga la figura del patrón de Aldea del Fresno. En su honor, el 29 de junio se celebran las fiestas patronales. Desde la iglesia podemos acercarnos a la Plaza de la Calva y la de la Constitución, donde vemos el Ayuntamiento.
Nada más ver los alrededores, y sobre todo, la tranquilidad de este pueblo, nos hacemos una idea de que debe ser uno de los destinos rurales más interesantes de los madrileños. Pasear por sus calles, contemplando su arquitectura tradicional y sus casas nobiliarias de los siglos XVIII y XIX, debe ser una delicia para los que están acostumbrados al estrés diario.
Y es que el curso del río Alberche, que recorre Alde del Fresno de norte a sur, junto a su afluente, el Perales, invitan a una alegre excursión desde Madrid. Vale la pena acercarse hasta aquí para pasar un fin de semana de relax.