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Madrid es una ciudad monumental, y eso se nota casi a cada esquina. Miles de preciosos edificios, pueblan la capital de España, miles de edificios que si bien uno no puede percibir la gran mayoría de ellos, bien nos saludan desde nuestros costados.
El edificio que hoy presentamos es uno de ellos, es un edificio que bien puede pasar inadvertido pero que, si le damos contenido, nos quedaremos mirándola al pasar por su lado.
Se trata de las Escuelas Aguirre, que surgieron como iniciativa de Lucas Aguirre y Juárez, filántropo conquense que fue influenciado por las doctrinas krausistas. Cuando el señor murió, legó gran parte de su fortuna para el sostenimiento de establecimientos educativos, y en consecuencia, se construyeron las Escuelas que hoy presentamos, situados en la calle Alcalá, cerca de la antigua Plaza de Toros.
Su construcción parte de un proyecto del arquitecto Emilio Rodríguez Ayuso, quien concibió el edificio como una construcción exenta de dos plantas capaz de albergar diversos espacios educativos de una gran innovación para la época. Pero, ¿por qué de gran innovación? Pues porque el edificio contaba con gimnasio, biblioteca, museo escolar, patio de recreo, sala de música e incluso un observatorio meteorológico que se situaría en la torre visible del edificio. Su estilo es pura y llanamente neo-mudéjar y se utilizo el ladrillo como elemento estructural y compositivo único en la construcción
La primera piedra del edificio se puso en 1881 por el albacea del tal señor Aguirre, Manuel María José Galdó, y cinco años más tardes ya sería inaugurado con clases desde sus inicios. En 1911 los edificios pasaron a depender directamente del Ayuntamiento, por lo que en estos días de hoy, el edificio alberga la Sección de Estadística del Ayuntamiento de Madrid. Las antiguas escuelas se trasladaron a las Escuelas Aguirre de la calle Pío Baroja.
En fin, vemos que un simple edificio que no nos tiene por qué llamar la atención a simple vista, no tiene por qué ser un edificio mediocre. Casi todos los edificios antiguos tienen su historia particular y si se conoce, ello le añade un valor o una magia al edificio en sí. Puede que pasemos unos días en un hotel en Madrid para ver exclusivamente las Escuelas Aguirre, pero si pasamos por al lado seguro que nos acordamos de la historieta que hoy hemos comentado y saludamos con una sonrisa a la majestuosa ex-escuela que tenemos delante nuestra.
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