
El otro día hablábamos de que Madrid posee un museo curioso y especial, el Museo de la Telefonía nos ofrece la panorámica general de la evolución de dicho “tramánculo” en la Historia de España y cómo han cambiado los tiempos y la tecnología desde que el primer aparato telecomunicador pisó la península.
Así, ya dijimos que el Museo comentado poseía una sala para aquellos primeros “cacharros” que llenaban salas y salas donde decenas de mujeres tenían sus primeros trabajos.
No obstante, el museo no se para aquí, no es tan sólo un relicario de lo más antiguo, no. El museo de la Telefonía también avanza en el tiempo y tiene una exposición sobre la conmutación automática. Sus objetos son los que más tiempo han permanecido en funcionamiento en España.
Por ejemplo el “Rotary” y el “Pentaconta”, de Standard Eléctrica permanecen expuestos, junto a algunos otros que estuvieron vigentes antes de la tan necesaria unificación de los sistemas tal como lo podemos ver en el “AGF” de Ericsson. Al lado de ellos se podrán ver también las mesas de pruebas interurbanas, los amplificadores de líneas y las maquetas.
Así, seguramente el visitante no tendrá otro remedio que mostrar su inevitable curiosidad en la sala de los documentos, donde cientos de pliegos, sellan, timbran y rubrican diferentes inauguraciones, acuerdos y contratos muy claves para la historia de España.
No obstante, quizás el recuerdo más entrañable que dedica el museo sea el que ofrece durante todo el ancho y largo del museo, el recuerdo y homenaje a los diferentes colectivos que han contribuido al desarrollo y evolución de las telecomunicaciones en España.
Y es que no es casual que la existencia del museo se deba a la iniciativa de un grupo de trabajadores que se dedicó a conservar y recuperar a lo largo de los años aquellos sistemas y “cacharros” que día tras día estaban dejando de ser útiles y que iban retirándose del mercado. Su labor de recuperación e investigación permite que las nuevas generaciones se den cuenta que las telecomunicaciones no salen de la nada.