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Siguiendo pues con la ruta modernista por Madrid y una vez visto el “Hotel-Barco” que surca las aguas oceánicas de la ciudad de Madrid, atravesamos la plaza de Santa Ana para continuar por Huertas hasta la Plaza Matute.
Se puede decir que el modernismo catalán es un arte total, que es una combinación de todas las artes que muchas veces quedan plasmadas en el conjunto de un edificio y no en un detalle concreto. Teniendo como base este concepto, todas las partes de una construcción tienen importancia, desde la base hasta el coronamiento, teoría que en el modernismo madrileño pocas veces se da.
En la plaza Matute número 10 podremos ver el ejemplo de lo dicho. La concepción de su fachada es, digámoslo así, uno de los edificios “más catalanes” de Madrid. El remate, pero, es un terraza-jardín que nos hace recordar las inexistentes chimeneas como el de la Casa Milà o cualquier coronamiento del modernismo catalán.
Y es que Eduardo Reynals (1906), el arquitecto del edificio, tampoco sigue el estilo modernista. El estilo de esta casa responde a lo que le dicto su dueño, de quien hace el encargo, el ingeniero Pérez Villaamil. Así, es curiosamente la única obra modernista catalogada de Reynals, aunque para los amantes de su arquitectura, no hay que dejar de visitar el primer tramo de la Gran Vía, los números 7, 12, 14 y 18.
Después de ver el edificio de la plaza matute, podemos tomar la calle Echegaray hasta la calle Atocha, donde nos detendremos en el número 47. De este edificio podemos decir cosas muy parecidas a las que ya citamos del edificio calle cruz 16. De arquitecto desconocido, mantiene muchas de las características del esmentado edificio, aunque eso sí, con una mejor conservación. Una vez que saciemos la vista, podemos emprender el camino hasta el final de la ruta.
Cogeremos Antón Martín, para desde allí tomar la calle Santa Isabel. A la altura del número 7 de la calle está el Cine Doré, de estilo modernista tardío (de los años 1922 y 1923), obra del arquitecto Críspulo Moro Cabeza.
En fin, así llegamos al fin de la ruta que nos ha durado unos cuantos días. ¿Cuántos de ustedes podrían pensar que Madrid poseyera tanto modernismo? Es verdad, no es un modernismo como el catalán, pero no por ello deja de sorprender al turista o viandante. Otra oportunidad para disfrutar de los viajes a Madrid de un arte que es poco conocida en la capital española.
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