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Hotel Reina Victoria

Si bien en un principio nuestra ruta del modernismo en Madrid podría haber parecido cosa corta, un paseo de mañana, hemos descubierto que no ha sido así, que Madrid tiene modernismo y más de lo que pensamos.

Así, una vez hemos visitado algunos de los edificios modernistas o pseudo-modernistas más importantes de Madrid, podemos tomar dos opciones. Podemos, en primer lugar, volver sobre nuestros pasos y por la Puerta del Sol coger la Carrera de San Jerónimo y la Calle de la Cruz número 16, o sino, llegar al mismo lugar pero a través de la Gran Vía, donde podremos apreciar un bonito compendio de la arquitectura madrileña de los primeros 25-30 años del pasado siglo XX. No obstante, es curioso pero no podremos encontrar ningún edificio modernista en todo el tramo realizado.

A pesar de ello también podemos ver y disfrutar de firmas fundamentales de la época con, por ejemplo, Antonio Palacio Ramilo, una de las referencias arquitectónicas de aquel Madrid de entonces. Podemos seguir visitando la Virgen de los Peligros, la Plaza de Canalejas y el ya esmentado Calle de la Cruz número 16, que consta de un precioso edificio de viviendas en regular estado de conversación pero que, seguro, se convertirá en uno de los edificios que más nos llaman la atención.

El edificio consta de una abundante decoración floral entorno a cada uno de sus vanos, protegidos por frontones curvos. La rejería es moderada pero sin duda de estilo modernista. Podremos, así, deleitarnos con la contemplación de este edificio desconocido.

Luego continuaremos hasta el final de la calle de la Cruz para desde allí enfilar la calle del Ángel y llegar a la Plaza homónima. Allí nos encontraremos con el Hotel Reina Victoria, cuya mole invade también la casi contigua Plaza de Santa Ana. El hotel es obra del peculiar Jesús Carrasco Encina, de 1919 y que parece darnos una composición de tipo marítima donde los miradores por doquier serían una especia de suave oleaje y un torre-faro, alzada sobre el mar del edificio y el océano de la ciudad, es la luz que lleva a buen puerto. Carrasco demuestra, una vez más, una bonita originalidad y exclusividad.

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