¿A qué sabe un Matisse? Los visitantes del museo Thyssen-Bornemisza lo pueden comprobar ahora en el restaurante de la terraza-ático del museo. Antes, supieron a qué sabía un Modigliani o un Miró. El arte expuesto en las salas de Madrid ha tenido distintas traducciones en comida.
Hoy, en nuestra serie de artículos sobre los museos de Madrid, te contamos donde comer menus, que saben a obras de arte.
El menu empieza con “Festival de flores” (un buñuelo de flor de calabacín y otros pétalos) para abrir boca. Como primer plato, “Conversación bajo los olivos”: sardinas marinadas con una base de diferentes aceitunas. De segundo, “Las dos rayas y el congrio”, pescados que el pintor francés reflejó en varios cuadros y que son acompañados de ratatouille (pisto de verduras). Como broche final “Las palmeras”, dátiles con limones confitados evocando el mundo vegetal de los lienzos.
Éstos son los platos del Tyssen dedicados a la exposición Matisse 1917-1941 y a la ciudad de Niza, donde el artista realizó gran parte de su obra. El menú, se sirve a un precio de 40 euros en las noches de martes a sábado. El horario veraniego (a punto de terminar) se prolonga hasta la una de la madrugada.
En plena Ciudad Universitaria, entre jardines, Bokado ofrece en el museo del Traje menús estructurados segun las tendencias de moda: Casual, Chic, Vintage, Trendy, Alta Costura, Prêt-a-porter o New Look son los títulos de las propuestas. Vamos, que cada uno puede comer a su medida, sea cual sea su estilo de vida. Los menús del restaurante (que tiene una carta de vinos con casi 200 referencias) oscilan entre los 41 y los 46 euros.
Eso sí, en la cafetería, los platos de cocina en miniatura cuestan 7 euros y los menús compact 17 y 18 euros. Es la opción mas económica. Si no se puede reservar terraza privada o comer en el espacio general, iluminado con lámparas de Phillip Stark. Tras el cierre del museo la nocturnidad se prolonga hasta las dos de la madrugada, así que si vives fuera de la ciudad igual te venga mejor reservar en alguno de los hoteles en Madrid antes que retomar el camino a casa a esas horas.
Dentro de la milla cultural madrileña, junto a Cibeles, otra parada gastronómica de interés está en la Casa de América. Y en verano mas que nunca, porque su terraza se convierte en un cruce de culturas cocteleras. Las referencias a productos llegados de América: tomate, patata, quinoa, mango… forman parte de la oferta en el restaurante, que tiene entrada y horarios independientes al museo.
Muchos museos quieren hacer extensiva a sus restaurantes la experiencia cultural y el disfrute de la contemplación. Para ello, vinculan los menús a las exposiciones. Porque unos visitantes van deprisa, pero otros se toman tiempo; quizás los que saben que se puede crear arte con la gastronomía.