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Cualquiera que pase por el pueblo de Navalagamella durante su estancia en Madrid, solo visitará la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, construida en tiempos de Felipe II para agradecer a las localidades que estaban cerca de El Escorial la contribución de los obreros del lugar en la construcción del palacio real y dar homogeneidad al paisaje. Como mucho, notará en la carretera un extraño búnker. Si pregunta a algún vecino del lugar por él, lo más probable es que contesten con relativa indiferencia: “Ah, es el garigolo de la carretera”.

Navalagamella, con más de un centenar de búnkeres en su territorio municipal, es mucho mas que su iglesia. Es uno de los pueblos que más fortificaciones de la guerra conservan en España. Y la mayoría de ellas, se asientan sobre terreno público, accesibles a cualquiera con un poco de curiosidad.

Nadie sabe de dónde viene el nombre garigolo, pero todo el mundo llama así a las decenas de fortificaciones de la Guerra Civil que rodean al pueblo. Son búnkeres con muros de hormigón que llegan a superar el metro de espesor, a prueba de bombas, con los que las tropas nacionales se parapetaron en la zona para defenderse de un supuesto ataque republicano que nunca llegó.

Desde los garigolos sólo hay que quitar mentalmente los árboles del monte, que se plantaron después de 1939, para trasladarse a la contienda. Casi se puede ver a los fusileros o las ametralladoras en sus puestos, apuntando a través de los pequeños agujeros que el hormigón dejaba libre para sacar los cañones de las armas.

Todavía quedan señaladas en la tierra marcas de lo que eran unas trincheras que los años han ido sepultando. Incluso si se rebusca entre la piedra, aún se puede encontrar algún desecho de las latas de sardinas que, junto con un mendrugo de pan, servían de raciones a los soldados franquistas. Todo está prácticamente cómo se dejó. Las únicas marcas son las del tiempo.

El garigolo más cercano al pueblo está a apenas cinco minutos de la plaza del Dos de Mayo, donde paran los autobuses 642, 641 y 669. Para seguir viendo los restos de la guerra hay que andar más. Hay todo un camino de fortificaciones, estratégicamente colocadas contra Valdemorillo, el asentamiento republicano más cercano. Poco antes de construir toda la red de búnkeres se había producido la decisiva batalla de Brunete y Franco se veía amenazado por un ataque similar en la zona de Navalagamella.

Resguardado por una colina, todavía queda un campamento con capacidad para unos 200 soldados, presidido por una capilla que conserva una placa con las flechas de la falange y una leyenda: “José Antonio Primo de Rivera. ¡Presente! 6-XI-193…”. El último número ya no se puede leer, pero muy probablemente se trataba del año 37 del siglo pasado.

  • Informacion practica:

A Navalagamella se llega en los autobuses 642, 641 y 669, que salen desde el intercambiador de Moncloa. Para visitar todas estas fortificaciones hay que perderse por el campo e investigar. Todavía no existe un camino guiado. El Ayuntamiento trabaja para señalizar la ruta

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