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En Madrid existen museos de todo tipo, desde farmacia o geología, hasta de moda, cera, o naves. Todos comparten un mismo objetivo: enseñar algo. Hoy nos damos una vuelta por algunos de los mas desconocidos de nuestra comunidad: desde el museo de los bomberos, al del Ratón Pérez.
Si tienes la oportunidad de un viaje de unos días, de esos irresistibles vuelos baratos a Madrid que no se pueden dejar pasar, vente a descubrirlos, que siempre es un placer cargado de sorpresas.
El Naval es un lugar especial con un aire antiguo y neoyorquino. Suelos de parqué, techos de cristal y vitrinas de madera tan hermosas como los objetos que guardan. Entre sextantes, catalejos y mascarones hay curiosidades como un trozo de árbol en el que descansó Hernán Cortés la Noche Triste de 1520, la chapa agujereada del Numancia (la primera fragata blindada) o la cuna-coy (hamaca) en la que durmió el infante Alfonso XII en su primer viaje a las Baleares. Son impresionantes las decenas de maquetas de barco, las reproducciones de batallas, la colección de armas exóticas… La visita es imprescindible; aunque uno se maree sólo con ver un barco, el lugar enamora.
Este gigante museo es un gran desconocido. Y eso que la visita suele ser tranquila. En sus amplísimos espacios hay divertidas reconstrucciones de chozas tribales, una estupenda maqueta de la catedral de México, dos cabezas de jíbaro y un enorme mapa tridimensional del continente con audiovisual incluido. Entre las joyas de la colección destaca sin duda el tesoro de los Quimbayas, donado por Colombia en 1893. Una excelente manera de conocer lo más importante de la América prehispánica.
Un garaje del Parque 8 de Vallecas esconde el Museo de Bomberos de Madrid. El cuerpo lo ha mantenido vivo desde 1982 prácticamente sin ayuda, en unas instalaciones que merecerían remozarse. Pero la visita es muy interesante. Dentro pueden contemplarse los antiguos trajes, con cascos de cuero, junto a los modernos uniformes ignífugos. Y la colección de vehículos antiguos es maravillosa, con escalas de madera, mangueras de lino y campanas. Tienen incluso el Seat 600 rojo en el que iba el jefe en los años sesenta. Toda una heroicidad.
Tan pequeño como el personaje que homenajea, el Museo del Ratón Pérez es más bien una tienda, pero tiene su magia. Sus creadores adquirieron los derechos de imagen del personaje creado por el padre Colomer para consolar al joven Alfonso XIII tras la caída de su primer diente. El rediseño del roedor lo acerca a los niños del siglo XXI y el local está ubicado sobre la antigua Confitería Prast, donde se supone vivía Pérez dentro de una caja de galletas Huntley.
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