Que Madrid nos depare sorpresas no es, redundantemente, una sorpresa. La Comunidad de Madrid mantiene espacios naturales que sorprenden hasta al más escéptico. Como ejemplo vamos a poner el monte de El Pardo, encinar que ocupa, más o menos, 16 mil hectáreas.
Esta zona natural está situada en el tramo medio del río Manzanares, río que, como se sabe, atraviesa Madrid. El límite sur del Monte de El Pardo, sorprendentemente, dista tan sólo en 8 kilómetros del centro de la capital y toda su superficie pertenece al término municipal de la capital.
El parque está limitado al norte por la Sierra de Guadarrama, al sur por la ciudad de Madrid y al este y oeste por autovías que llegan y parten desde la capital de España.
En el monte de El Pardo domina un clima mediterráneo típico, con la pertinente estación seca y calurosa muy marcada y con sus medias anuales de precipitaciones entre 500 y 600 mm, La temperatura media está entre los 11ºC y 12ºC.
Es obvio, por tanto que este enclave, que forma parte del Patrimonio Nacional, haya estado desde siempre muy unido a la capital. Así, entre sus encinas, enebros, fresnos, alcornoques, quejigos, coscojas, labiérnagos y romeros han paseado y cazado muchos reyes y jefes de Estado. En el siglo XVI, con Carlos I, el bosque se convirtió en Propiedad Real para el ejercicio de la caza. Bajo la dinastía de los Borbón se permitió su uso agrícola aprovechando el curso del río Manzanares. En nombre de Fernando VI, se protegieron los terrenos con una tapia y una puerta de entrada, puerta que hoy se encuentra en la Puerta de Hierro.
Pero la importancia del monte de El Pardo no se limita a su historia o bosque. Este patrimonio ha sido desde siempre coto de caza para los hombres más importantes de España y es que el gamo y el jabalí son las especies más emblemáticas del Monte de El Pardo, que también cuenta con grandes aves rapaces como el águila imperial.
El corzo y el conejo completan la fauna que se puede ver en estos bosques. Es por ello que la visita está prohibida en la mayor parte del territorio del paraje, lo que convierte a estos animales en escogidos protagonistas de un único entorno en la Comunidad de Madrid, pulmón (del mismo modo que la sierra de Collserola en Barcelona), de la ciudad de Madrid.