Dentro del Madrid moderno, sobre todo en torno a la Gran Vía, podemos ver la majestuosidad ostentosa que la capital española tiene en sí. Podemos ver calles con influencia francesa como las que contienen los edificios de la Unión y el Fénix, podemos ver calles con influencias neoyorquinas de rascacielos como por ejemplo el que contiene el rascacielos de Telefónica. El que más nos interesa a nosotros, no obstante, es el último tramo de la Gran Vía.
Es la calle que arranca en la plaza del Callao y muere en la plaza de España, el cual, alcanza su mejor cara arquitectónica en la altura de la misma plaza del Callao, con el edificio Capitol como insignia.
Este edificio se ha reconvertido en uno de los hoteles más importantes de Madrid y domina con su proa el espacio urbano. Hay que decir que este elegante edificio, construido por allá el 1931 y se basó en el proyecto de Fernández Shaw y Muguruza.
El edificio vendría a representar, con algún que otro edificio de la misma parte de la Gran Vía, la influencia que la arquitectura americana, sobre todo la estadounidense, tuvo en aquellos años (finales del 20 – principios de los 30) para los arquitectos españoles. Podríamos tomar como ejemplo el actual Teatro MoviStar por ejemplo, que está basado en el Roxy y el Paramount o el antiguo Hispano-Americano, que corona una gran escultura de Vitorio Macho.
Con toda esta parafernalia la Gran Vía estaba pensada y se quedó como la calle o vía más importante de la capital. No obstante hay que decir que con todos estos edificios, sobre todo el segundo y tercer tramo de la gran calle puede recordarnos a una especie de Broadway trasnochado… como un intento de imitar lo estadounidense pero sin darse cuenta que se encuentra en el centro de Madrid. En fin, es una especie de Broadway mezclado con la Quinta Avenida pero a la madrileña pues, lo cierto es que tampoco queda tan mal.
Quizás nuestra primera impresión, al mover el cuello hacia estas torres y edificios que intentan introducirnos en un ambiente estadounidense sea rechazar lo visto, pero si se mira bien, si se ven los detalles y uno lo combina con la cantidad de gente de todos los lados del planeta que circulan por la Gran Vía podrá ver, con gracia, que quizás sí, que quizás sí que consigue su objetivo pero, evidentemente, muy a la madrileña.