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La fotografía de Alberto García-Alix es sin duda uno de los lugares a los que siempre regresar. En sus imágenes se plasma una vida cotidiana que es nuestra, porque muchas de ellas han sido tomadas en España, pero que a veces sentimos también como inevitablemente ajena por lo que tienen de desgarradoras y convulsamente emocionantes.
El Museo Reina Sofía ha elegido para presentar su última exposición sobre el fotógrafo leonés un título bien evocador al respecto: “De donde no se vuelve“. Y es que por más que nos duela, cierto es que ese pasado y ese presente que García-Alix ha recogido en sus instantáneas ya no existe cuando lo miramos. Tan bello y tan frágil.
Realizadas entre 1976 y 1978, es la primera vez que muchas de estas fotografías se exhiben en público. Se trata de imágenes que penetran en el entorno más inmediato de su autor y en los aspectos de la agitación cultural que recorrió Madrid en los años ochenta: desde prostitutas hasta moteros, pasando por amigos ubicados en su microcosmos íntimo.
Muchas de ellas son retratos, un género en el que García-Alix ha alcanzado renombre y prestigio. Una razón más para acercarnos, hasta el 16 de febrero, al Edificio Sabatini del Reina Sofía. Además de contemplar las fotografías, en esta muestra podemos escuchar también un vídeo con el testimonio en primera persona del autor, que narra con su voz la pieza audiovisual que da nombre a la exposición y constituye el eje de la misma.
La mirada de García-Alix es siempre directa, frontal y sin ambages. Él mismo la ha definido como una mirada “de púgil”. Los detalles son mínimos y se centran en las personas y el pequeño mundo que se crea en la instantánea. Lo importante aquí son ellas. Y la grandeza de su historia. Que es mucha.
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